Se dice que el lenguaje es algo vivo, que las palabras aparecen y desaparecen por el uso que les demos. Casi todos sabemos que los esquimales tienen muchas palabras para decir “nieve” y algunos menos sabrán que en Finlandia tienen al menos 5 palabras para decir “árbol”. Pues bien, he notado que echo en falta palabras de algo mucho más genérico y universal. Yo salgo de mi casa a las siete y cuarto de la mañana y llego al metro entre las 7:28 y las 7:29, lo se con exactitud porque en frente hay una parada de bus que me informa puntualmente de la hora y la temperatura (+1 o +2ºC últimamente). A esas horas indecentes viajamos un número tal de personas que es fácil conocer a los viajeros recurrentes. Y el caso es que les conozco pero al mismo tiempo no les conozco, y me he dado cuenta de que necesito una palabra para esto, para describir lo que somos… ¿Y que hay de las personas a las que conociste profundamente un día? Siguen siendo amigos pero ya no les conoces, bueno sí, porque parte de lo que son lo son por sus vivencias y gran parte de ellas han sido compartidas, con lo cual hay un conocimiento remanente que se mantiene, pero ya no es como antes, es como una sombra que se extiende ¿con qué palabra se define esto? ¿Y la gente cuyos blogs leo? Porque en cierta forma les conozco, en mayor o menor medida en función de cómo sea el blog, pero después de años de lectura algo de conocimiento hay ¿no? El caso es que al mismo tiempo creo que es un error pensar esto porque no creo que alguien que lea este blog me conozca realmente... ¿con qué palabra nos definimos? No la hay. Yo al menos no conozco ninguna que se ajuste correctamente y últimamente pienso bastante en ello. Creo que en este mundo tan grande y deshumanizado necesito pequeños detalles que me hagan sentir que hay ciertos vínculos vivos, ya sean reales, virtuales o imaginarios, lo necesito aunque sea mediante palabras. Y si no las tengo, me pierdo.